Viendo Star Trek: Primer Contacto el cosmos dejó de parecerme un fondo y se convirtió en pregunta.
Hubo un momento en que la humanidad levantó la mirada.
No para conquistar el cielo.
No para demostrar algo.
Solo para entender por qué ese silencio oscuro nos llamaba.
Antes de los cohetes hubo preguntas.
Antes de las órbitas, intuición.
Y antes de los mapas estelares, manos señalando la noche.
No siempre supimos qué buscar.
A veces solo queríamos medir la distancia.
O comprobar que no estábamos solos en nuestra ignorancia.
Mirar al cosmos nunca fue un gesto individual.
Fue una conversación larga.
Entre generaciones.
Hecha de errores y aciertos.
Sostenida por quienes observaron desde una colina
y por quienes levantaron cúpulas para afinar la mirada.
El cielo no cambió cuando enviamos máquinas.
Cambiamos nosotros.
Cada órbita trazada fue una pregunta más precisa.
Cada observatorio, una declaración humilde:
queremos comprender.
Tal vez escribir estas crónicas no sea relatar hazañas,
sino conservar esa conversación.
Si el universo es un espejo,
mirarlo también nos transforma.